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Aventuras del velero Brisa navegando rumbo a Uruguay
12 February 2022

Pesca de la Mañana

Hoy tuve la suerte de irme con un pescador de Puerto Ángel llamado Emiliano, con dos aprendices Ángel y Jesús fueron divinos de verdad. Ellos son conocidos de Alan y Robyn. Por eso tengo la fortuna de conectar con Emiliano.

Playa Panteón de Puerto Ángel, Oaxaca, México

Vienen con su panga, Taira Maayan, a las seis de la mañana. Con el crepúsculo me llevan desde Brisa. Pescamos un rato, cerca de la playa con líneas pesadas con un plomo y armado con media docena de anzuelos pequeños y arreglados cada medio metro. Con esos capturamos cocinero y ojoton como cebo. Los tiramos adentro de la panga donde hay un pozo lleno con el agua del mar.

Brisa en Puerto Ángel, Oaxaca, México

El cebo es vivo y nada allí al fondo de la panga cuando vamos con motor por la costa para pescar. La panga está hecha con fibra de vidrio y bien duro. La marca de la panga es Imemsa, su eslora es de siete metros y la manga de un metro y medio. Es una lancha larga y estrecha. El motor es de dos ciclos, con setenta y cinco caballos. Todas las pangas en Puerto Ángel llevan lo mismo. Un motor Yamaha dos ciclos de sesenta hacía ochenta caballos.

Dependen mucho del motor. Sin motor están a la deriva, afuera de la costa. También hacen contacto con los otros pescadores visualmente y con señales manuales. Toman noticia uno al otro lo que hacen y su estado.

Puerto Ángel, Oaxaca, México

Navegamos de cerca con la orilla rocosa. Puedo mirar las olas subiendo y bajando contra ellos. Dejan un gran cantidad de espuma. Cuando regresan, dejan un pozo profundo alrededor de las rocas hasta que la próxima ola venga a llenarlo. Con veinte metros de distancia, subimos y bajamos y no estamos sujetos a la violencia de las olas quebradas por las rocas.

Pasamos por la playa Zipolite, Rocas aisladas negra y blanca. Sobre Punta Cometa hay gente parada por la cresta, saludando a la madrugada, esperando a ver la salida del sol. Ese lugar de la costa Pacífica Mexicana es una zona muy espiritual. La gente viene acá para la buena onda, como ya tiene Uruguay.

Paramos al lado de un punto de roca y pescamos un rato más con las líneas para capturar un poco más cebo. Capturamos algunos y salimos porque los otros pescadores ya habían salido.

Puerto Ángel, Oaxaca, México

Seguimos por la costa. Pasamos las playas Mermejita y Ventanilla. Todas las playas lindas sin desarrollo intruso como playas turísticas.

Emiliano da un señal y comienza navegar con marco afuera y perpendicular con la costa, hacía el mar abierto. Jesús y Ángel sacan jarras blancas de plástico, cuatro litros, vacíos. Esos los tienen enrollados con unos cuarenta metros de hilo de pescar. Al extremo de la línea han puesto plomos y anzuelos grandes hechos de acero inoxidable.

Atracan los peces de cebo al anzuelo por el respaldo, para que continúen nadando, y los tiran al mar con el plomo para que descienden profundamente por el agua. Las jarras de plástico, conectadas al otro extremo del hilo, se van al fin.

Muy rápido, por el espacio de dos minutos, Ángel y Jesús despliegan diez de los hilos. Las jarras blancas se mueven de arriba hacia abajo, se aprecian como si fueran puntos blancas en el mar. Los cuentan cuidadosamente para asegurar que recuperan todos antes de salir.

Emiliano me dijo, “Ahora esperamos.” Comparto una taza del café dulce desde mi termo. Casi de inmediato Jesús da una señal, he visto que una de las jarras ha agarrado, parado recto Emiliano enciende el motor y vamos hacia la jarra recta.

Puerto Ángel, Oaxaca, México

Aproximándose, Jesús lo agarra y empieza a sacar todo el hilo de pesca. Hay un peso al otro extremo del hilo sale tirante se mueve hacia la proa y de abajo para atrás. Hay algo vivo en el extremo, resistiendo.

Sale un barrilete. Jesús lo choca sobre el frente con un mazo, y lo deja caer en el agua. Lo saca de nuevo. Está muerto. Lo pasa atrás, a Ángel. Ángel pone sus dedos adentro al pez por las branquias. Saca el anzuelo y se lo pasa a Jesús. Jesús ya está sacando una segunda línea. Pasa el pez a Ángel, pone otro pez de cebo por el anzuelo y lo tira con el plomo. Muy pronto empiezan a sacar peces con rapidez y devolver las líneas con cebo fresco. Cuando el cebo está agotado, empiezan a enrollar las jarras de nuevo con el hilo de pesca.

Puerto Ángel, Oaxaca, México

Al final la cuenta de las jarras es igual a las diez desplegadas al comienzo. Con todas las jarras a bordo tenemos más de una docena de barrilete, salema de altura, piríl, y juruel. Emiliano, Ángel y Jesús pescan ahora con cebo artificial de metal pintado para brillar, como un pez. Hecho en China me dijo Ángel. Emiliano saca otro barrilete y el me dice que la panga y el motor son una inversión de trescientos quince mil pesos. Con ingreso de cinco mil pesos por semana, pescando seis mañanas por semana, la inversión devuelta en un periodo de un año y cuarto. Es necesario reemplazar el motor cada diez años. Por eso tienen casi nueve años de los diez en que podrían sacar dinero desde el mar.

Panga varando a la playa, Puerto Ángel, Oaxaca, México

Con la vuelta, los pescadores de Puerto Ángel tienen un método único para varar. Atracan en la playa a toda velocidad, al tiempo que una ola alcanza a la playa. Levantan el motor con el último segundo y se deslizan hacia arriba de la playa, libre de la línea de la marea alta. Dice Emiliano, “es adrenalina pura”.

categorías: pescador - México