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5 August 2026

El aburguesamiento

Canal de Jandía - La Isleta

Crucé el estrecho de Jandía hacia La Isleta, entre las islas de Fuerteventura y Gran Canaria, en un día. Partí antes del amanecer desde un fondeadero incómodo, tras haber descansado muy poco. Encontré aguas tranquilas en el lado de sotavento, al sur de Fuerteventura; una brisa fresca (6) en la zona de aceleración al suroeste de la isla; y luego vientos bonancible (4) a fresquito (5) con olas de un metro y medio.

Pueblo de Playitas, Fuerteventura, Islas Canarias

Navegué un poco ceñido por la ruta directa, cruzándose con los transbordadores mientras pasaban a toda velocidad de treinta nudos. Hay tres empresas similares a Buquebus, con transbordadores similar con China Zorrilla. Me rebasaron cuatro veces. Hicieron dos viajes de ida y vuelta durante mi travesía de un lado al otro.

Montañas Tao en el sur de Fuerteventure, desde el Mar

Es difícil describir la sensación de estar solo en el mar a bordo de un velero. Es una de esas cosas que hay que vivir en lugar de describir. Como todo, supongo. Es como meditar. El océano se apodera de mi conciencia. Todo el ruido de la humanidad se siente como un estruendo lejano y se desvanece. Solo queda el zumbido en mis oídos. Siento una sensación de unidad y de conciencia tranquila, de objetividad. Todo simplemente es como es.

Transbordador en alta mar, Islas Canarias

Al final, había cometido un error. Debí haber navegado más cerca del viento para llegar más al norte. Al acercarme a Gran Canaria, el viento giró desde el noreste hacia el noroeste. No pude navegar lo suficientemente cerca como para mantener mi rumbo. Terminé unas cuantas millas al sur. Al tomar la amura de babor, las olas me empujaron en contra. Apenas pude hacer algo más que dar marcha atrás.

Menos mal que tengo a Scotty, mi confiable motor gasóleo intraborda de cuarenta y tres caballos. Los marineros lo llaman el «génoa de hierro». Aun así, luchando contra el viento y las olas, apenas alcanzaba los tres nudos. Durante la siguiente hora y media, avancé hacia la costa y navegué a través del fondeadero de aguas profundas para buques grandes. Por fin encontré refugio en el puerto industrial de Las Palmas de Gran Canaria.

Llegué por la tarde, justo cuando se ponía el sol. No hay ningún lugar donde fondear en todo el noreste de Gran Canaria. Había unos cuantos pequeños fondeaderos dentro del puerto industrial de Las Palmas. Están cerrados, o restringidos a períodos de alta demanda, cuando el puerto deportivo está lleno.

Entrada al puerto de Las Palmas de Gran Canaria

El Puerto Deportivo Las Palmas

El puerto deportivo es un pequeño puerto dentro del puerto industrial. Sin embargo, es enorme. Cuenta con amarres para mil doscientos embarcaciones. No responden por radio. Preparé las defensas y las amarras por si acaso. Al entrar al puerto interior, un hombre me llamó. Creo que es el hombre que está de guardia fuera del horario habitual. Es genial. Me acerqué al amarre de recepción. Me ofreció de todo. Le dije: «No, no necesito nada más que un poco de descanso.»

El gerente me encuentra por la mañana. Simplemente pasa por casualidad en su camino. Me indica que vaya a la oficina. Le digo: «Sí, ya voy.» Es un hombre de mediana edad, atlético y en buena forma. Lleva una camisa deportiva blanca, con el emblema del puerto deportivo bordado sobre el corazón y pantalones cortos de color azul náutica, limpios y planchados. Si fuera británico, encajaría perfectamente en el papel de James Bond. Es serio y autoritario, todo negocios. Tiene ojos verdes que quedaron grabados en mi memoria como ojos de un azul acerado. Su principal preocupación es que el puerto deportivo esté lo suficientemente vacío para la llegada del ARC.

Veleros amarrados en el Puerto Deportivo de Las Palmas

El ARC

El ARC, Rally Atlántico para Barcos de Recreo (Atlantic Rally for Cruisers), es una organización británica con fines de lucro. Atrae a 250 embarcaciones de recreo que se reúnen en Las Palmas para cruzar el Atlántico con los vientos alisios. La flota llega como una marea a Rodney Bay, en Santa Lucía, entre finales de noviembre y mediados de diciembre, y luego se dispersa por todo el Caribe.

Los conocí en las Bermudas durante su rally desde Estados Unidos hacia las Azores. El ARC parte en una fecha fija, sin importar el clima. En Bermuda, llegaron en medio de un vendaval, con todo tipo de drama en la radio mientras pedían ayuda. Anclado en la bahía de Saint George, medio de la tormenta, conté seis veleros que llegaban a duras penas con las velas de proa destrozadas.

Al observarlos, se comportaban como gallos y gallinas, pavoneándose y estableciendo su jerarquía, vestidos con ropa deportiva cara y luciendo todos los artilugios imaginables en sus barcos gigantes. Este puerto deportivo no cuenta con una lavandería en funcionamiento. Eso podría deberse a que la mayoría de los barcos de la ARC llevan sus propias lavadoras. Las duchas son el tipo con un botón para agua de temperatura predeterminada de periodo corto. Los barcos de la ARC tienen sus propias duchas, agua caliente, plantas desalinizadoras.

Veleros participantes del ARC en Bahamas

Su clase se ha hecho cargo del mundo de los marineros, los verdaderos marineros y navegantes de crucero: el mundo de Lin y Larry Pardey, Moitessier, Slocum, Chichester, Knox-Johnston, las parejas rioplatenses Eduardo y Claudia, Alberto y Galre. No puedo contarme entre ellos. Sin embargo, antes se recibía a un marinero como tal. El mero hecho de haber realizado la travesía era prueba suficiente de su mérito. Ahora se orientan hacia el estilo lujo, de modo comercio. Ya hay muchísima gente que hace esto.

Brisa en el Puerto Deportivo de Las Palmas

¿Cuál es la problema?

Ya no nos ponemos pieles de animales ni, en general, nos cosemos nuestra propia ropa. La energía solar, los sistemas de baterías de litio, el GPS, las comunicaciones por satélite y los pronósticos detallados del viento hacen que la navegación transoceánica sea accesible para mucha más gente, con mucha seguridad y muchas de las comodidades de casa.

Nuestro mundo humano se desarrolla, evoluciona, progresa, se vuelve más refinado y complejo. Ahora es necesario viajar con reservaciones de una marina corporativa a otra. A la gente le gusta la seguridad de la marina. Muchas de las barcos no llevan anclas adecuadas. Le gusta tener seguro un lugar con la llegada. También le gusta conectar sus botes a un enchufe eléctrico de cincuenta amperios.

La aventura tiene un sabor diferente. Es como si la playa naturalista de Chihuahua o las posadas de Cabo se hubiera convertido en hoteles de Punta del Este. Además de eso, a medida que desarrollamos herramientas y organizaciones que nos protegen del peligro, eliminan el riesgo y nos brindan un sentido de comunidad, perdemos contacto con algo esencial y verdadero. Nos volvemos colectivamente egocéntricos, perdidos en nuestros feeds de WhatsApp e Instagram, en la drama de nuestros familias y circulos sociales, en los negocios y las compras, en la política y las intrigas de los Estados.

El encuentro con el océano: ofrece más que un tema de conversación para una fiesta o motivo para jactarse. Cuando nos abrimos a él, nos revela cómo son nuestras almas, y la alma de la naturaleza. Esto no es una ilusión de un espiritualista de la Nueva Era (aunque yo soy así). Es algo real y verdadero que puedes escuchar si te quedas en silencio.

Montaje de imágenes tomadas en alta mar

No importa. Hay muchos que se sienten invadidos por la gente tipo de la ARC. Quedo en cuenta que simplemente son personas que buscan entretenerse dentro de la seguridad de su propio círculo. Así es la naturaleza humana. Los perdonamos. Tampoco les resulta inaccesible la experiencia de la trascendencia. Al fin y al cabo, al igual que todos los que se aventuran mar adentro, buscan una experiencia más allá y fuera de la vida cotidiana.

Quizás podría pasar toda una caravana de camellos por el ojo de la aguja.

categorías: navegación - cultura - filosofía
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