Prepareándose para el gran temporal. Se pronostican más de veinte nudos: vientos frescos con fuertes ráfagas para la travesía en dirección sureste hacia las Bermudas. En cubierta, mientras guardaba la vela yankee, un gran petrolero pasó a una milla a popa. El AIS indicaba que medía 250 m, un cuarto de kilómetro de eslora.
Ayer fue una navegación de ceñida muy tensa, avanzando hacia el este sin desviarnos hacia el sur. Funcionó. Anoche mantuvimos una media de seis nudos y el mar se calmó.
Ahora. Esto es brutal. Es difícil moverse por la cabina. Intenté preparar chocolate caliente. Primero se volcó la taza con el polvo. Luego no pude sostener la taza sin salpicar. Hace calor. El sol brilla. El viento aúlla y el mar está embravecido.
Qué noche tan dura. Adentro, crujidos y chasquidos cacofónicos por todas partes mientras las tensiones se desplazan por el barco. El agua corre y se estrella contra el casco. Aullidos en el aparejo, el sonido se transmite al casco a través de las cadenotes. El movimiento es tan severo y repentino que es difícil moverse con seguridad. Siento calor y frío al mismo tiempo. Mantas. Sin mantas. Sudadera. Sin sudadera. Imposible cocinar o incluso sostener una taza de café. El barco navega a siete nudos.
Afuera se siente más tranquilo. Las olas son visibles. Se puede ver lo que se viene. Todos los sonidos son más tenues. Todo tiene sentido. Es necesario usar ropa impermeable debido a las salpicaduras.
Llegué a las Bermudas por la mañana. Atracé en el puerto de Saint George a las 9 a. m., hora local. Navegué muy lentamente durante la noche para llegar con luz del día. Fueron un par de viradas a favor del viento que me llevaron quince millas mar adentro.
No hay mucha tierra aquí. Hay muchos arrecifes ocultos bajo el agua. La aduana fue una tarea tediosa. Al final no estuvo tan mal. Larga espera hasta que llegó mi turno. Plateé con otro navegante que iba solo de camino a las Azores. Había venido desde las Islas Vírgenes.
Esta travesía. Hubo momentos en los que pensé que estaba loco por hacerla. Otros momentos fueron de un disfrute sereno. No me preocupa enfrentarme al océano entre aquí y las Azores. He visto más viento que nunca y lo he superado. Se rompieron algunas cosas. Fue una especie de puesta a prueba.