Beaufort, en Carolina del Norte– lo cual no confundimos con Beaufort, en Carolina del Sur –es una parada clave para los navegantes. Está al extremo sur de los Gran Banks. Los que navegan afuera de los Gran Banks usan Beaufort como punto de salida o punto de destino. Las aguas frente al cabo Hatteras son peligrosas con mal tiempo.
Hay una gran cantidad de veleros y todos los pequeños yates de motor que se van dentro del canal intracostero desde Beaufort a Norfolk. Los veleros más grandes, especialmente con mástiles más altos, van afuera. Es impresionante la cantidad de veleros de recreo que hay hoy en día con mástiles de más de 20 metros.

Beaufort también está situada con una buena entrada, un puerto accesible en cualquier tiempo, para salir hacia o llegar desde el sur, tomando una corta por la ensenada de la costa este, entre Florida y Cape Lookout. Cape Fear es también una opción, pero es mucho menos atractiva debido a las fuertes corrientes del río Cape Fear. El mejor puerto para pequeños barcos está muy arriba del río Cape Fear, en Carolina Beach.
Por esta razón, Beaufort es un destino marítimo. Además de eso, es un destino turístico debido al parque nacional, la naturaleza costera, playas y deporte de pesca.

Brisa fondeaba en Taylor Creek, frente a los muelles de la zona turística, con una docena de otros. La zona turística tiene restaurantes y bares ni caros ni baratos, de buena calidad. A sus lados hay tiendas de ropa deportiva, ropa casual y souveniers. Hay una buena tienda de cometas.
Detrás de la calle turística hay una zona de casas históricas. Cada casa tiene una placa con el año en que fue construida y el nombre del hombre, el amo, que contrató su construcción y lo ocupa. Fueron construidos en los fines del siglo dieciocho o los principios del siglo diecinueve.
Las calles y patios en este templo de la primavera son resplandecientes de flores y su perfume.

Como zona histórica, quedan la patria, la aguarda y comporta el movimiento de independencia, la guerra de independencia y la guerra civil. Frente del cabildo hay un monumento a los veteranos de las guerras en que los Estados Unidos habían involucrados. Han puesto placas grandes de bronce inscritas con copias de la Declaración de Independencia, Constitución y Declaración de Derechos.

Al lado de una iglesia metodista hay un cementerio histórico. Las raíces de árboles grandes y antiquísimos se alimentan de la tierra de gran fertilidad y vigilan a los muertos bajo el dosel de hojas y ramas. Las piedras en descomposición y las bóvedas de ladrillo desmoronadas marcan los lugares donde yacen los difuntos.

Aquí se encuentran las tumbas de los héroes de la Guerra Civil del bando sureño, la Confederación. Aquí yace el capitán Josiah Pender, quien, a los cuarenta y dos años, lideró un grupo de cincuenta hombres que tomó el fuerte Macon. Lo perdieron a manos de la Unión un año después. El capitán murió dos años después.
Aquí se encuentran las tumbas de maestros y ministros, así como de líderes eclesiásticos y cívicos.
Aquí está la tumba del coronel William Thomson, oficial de la Guerra de Independencia, quien participó en el establecimiento del nuevo gobierno.
Aquí está la del capitán Otway Burns, quien, como corsario, saqueó mercancías de barcos británicos, por valor de millones para la revolución, a lo largo de la costa este.

Aquí yace enterrado un oficial de la Armada británica en posición vertical, de pie, con su uniforme completo, mirando hacia el este, en dirección a Inglaterra.
Tenemos la tumba de una niña que llegó a las colonias cuando era un bebé. Más tarde, su padre se la llevó a Londres con él, prometiéndole a la madre que volverían juntos. Cuando su hija murió durante el viaje de regreso, el padre compró un barril de ron al capitán del barco y la conservó en él para enterrarla en su hogar, en Beaufort. De esta manera, cumplió la promesa que le había hecho a la madre.
Dudo que ella se sintiera satisfecha.
La niña ha inspirado una especie de culto. Su tumba está cubierta de cuentas, juguetes, libros y otros entretenimientos infantiles para mantenerla entretenida en la otra vida.

Beaufort fue mi última parada antes de salir de Estados Unidos para cruzar el Atlántico. El tres de mayo levé anclas. Al atardecer, rodeaba el cabo Lookout a vela y me dirigía hacia el este, prometiendo que el Brisa nunca volvería a Estados Unidos. No estoy seguro de que no sea peligroso hacer promesas como esa.
Hubo mucha celebración a bordo del Brisa. La travesía del Atlántico por delante; Estados Unidos a mis espaldas.