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Aventuras del velero Brisa navegando rumbo a Uruguay
6 November 2022

Zarpado

Salí de la marina Shelter Bay al mediodía el miércoles, dos de noviembre. Amigos y amigas fueron allí para despedirme. Algunos se van pronto por otros caminos. Había un rato antes que nos cruzamos de nuevo, posiblemente jamás vamos a vernos. Nunca sabemos. Es una parte de la vida.

Afuera de la entrada de la marina, apliqué potencia al motor para salir del muro de escollera, atrás el Canal de Panamá, para entrar al mar abierto. Después de un minuto, el motor perdió su poder. Bueno. Cambié al otro filtro y seguí yendo. Después de otro minuto pasa lo mismo.

Había viento a través de babor. Desplegué las velas y ta, estaba navegando. Jamás pensé en volver a la marina. No sé porqué no. El viento me llevó y tenía destino.

Brisa en camino, viento ligero a través de babor

Decir la verdad, estoy yendo con miedo, con ansiedad. Necesito enfrentarlo, examinarlo. Es la ansiedad normal de ir hacía lo desconocido. Además, de lo que pasa, si algo pasa que no podía superar. Y ¿que sea eso?

La ansiedad de poco, que no interfiere con el pensamiento claro, es útil. Causa que evaluó los riesgos para remediarlos. Por ejemplo, llegaré sin motor y necesitaré fondear navegando solamente a vela.

Decidí cambiar uno de los filtros. Encuentro el filtro marrón. Además el combustible es marrón. No es una buena señal. Significa que el gasoil en el tanque, durante los seis meses, desarrolla una plaga bacteriana. He puesto un remedio ante eso antes de salir en mayo. No fue suficiente.

Ta, bueno. Bastante que no salía por una navegación de prueba antes de decidir irme. Mejor que sí, lo hice. Es que pronto vuelo a Montevideo. Sentía prisa. Sólo quería navegar. Así apremiados por un calendario, hacemos nuestros propios desafíos.

Siento otras cosas. Siento una gran alegría, casi euforia. He logrado ponerme libre, fugarse de las estructuras y expectaciones de la sociedad, ponerme con otros– los límites y posibilidades, la grandeza que es la naturaleza.

Un fuerte colonial de España al lado norte de Bahía Portobelo

Según el artículo de wikipedia sobre La Bahía Portobelo, es el puerto donde los conquistadores españoles despiden las riquezas de la plata y el oro, sacadas cruelmente desde Perú, por su último tramo hacia España. Con tanta plata fluyendo por sus venas, la bahía fue sacada dos veces por bucaneros y corsarios– la segunda vez por Henry Morgan –y eventualmente por los británicos. Los británicos lo probaron dos veces. Lo logró el almirante Edward Vernon con un segundo asalto en 1739. Así los españoles empezaron enviar su pillaje por rutas más diversas.

Hay fortificaciones coloniales por ambos lados de la bahía. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) los ha declarado sitios de Patrimonio de la Humanidad. Para mi solo son preciosos y un poco triste. Lo encuentro un poco mórbido– tanta codicia, tantas luchas, el delirio de avaricia, un desvarío colectivo.

De la mañana tengo un compañero nuevo. El buque de turismo ecológico National Geographic Quest ha llegado y fondeado no se cuando. Especializan en ofrecer a estadounidenses adinerados la oportunidad de sentir en sus corazones y mentes la grandeza de la naturaleza y la diversidad del ser humano sin sentir lo mínimo incómodo. Es una experiencia lujoso que cuesta desde siete mil dólares por cabeza por semana.

Me siento mal por ellos. Esta mañana, lo que tienen para explorar este sitio de patrimonio y tomarles fotos buenísimos, viene con lluvia intensa y media fría. Imagino que no quieren hacer más que yo, secuestrado en mi cabina seca y cálida, disfrutando un café con el silencio del sonido de fondo de la lluvia.

Antes del mediodía el viento se había intensificado. Sopla directamente por la embocadura de la bahía y por su cuello. Crea un mar rugoso en el fondeadero. El pronóstico prevé lo igual por días, cada día con viento más fuerte. Decido espabilarme. Muy cerca, al otro lado de la península que forma la orilla norte de la bahía, hay un fondeadero muy bien protegido.

El motor tiene suficiente fuerza para que sea útil subir el ancla. No es suficiente fuerte para hacer progreso contra el viento y las olas. Subo la vela mayor con dos rizos– media vela. Empiezo a moverme. Daré al buque de expediciones una muestra divertida de navegación a vela.

Paso por su proa por la virada primera. Después de virar por la segunda, estoy suficientemente estabilizado para poder subir la trinquetilla. Con esa vela, el velero empieza moverse más seguramente, con velocidad.

Bordejeo lado a lado por la bahía, luchando, arañando, contra las ovejas y el viento que supera a quince nudos, hacia la embocadura y la libertad. El “Quest” también decide salir. Tienen su calendario. Toque la corneta como avisa de su salida. Me pasan cuando estoy por la banda de babor. Saco una foto y me di cuenta que estoy alcanzando las rocas. Necesito virar.

El buque de turismo ecológico, National Geographic Quest

Para desafiar a mis recursos, con esta virada, Brisa no puede pasar por el viento y contra las olas. No tiene suficiente de inercia. Justo cuando está enfachando el viento, una ola choca por la proa para impulsarlo hacia la banda desde donde había venido, hacia las rocas. Necesito irme por el otro lado, trasluchar.

En estas condiciones no me gusta trasluchar, pero es la mejor opción. Cuando traslucho así, girando casi doscientos y setenta grados, no tengo suficientes manos filar el mayor cuando estoy costado y casarlo de nuevo aproximando a la otra banda. Ya tengo mis manos ocupados manejando la trinquetilla, y a veces también el foque. Por eso, con la vela mayor casado, las olas y el viento costados, además con la fuerza centrífuga de la gira, el velero escora mucho. A veces pongo la borda en el agua.

Esta vez sale todo bien. Estabilizado por la banda de estribor, con las rocas atrás, noto que estoy temblando. No es por falta de habilidades. Es por falta de confianza. Necesito calmarme. Busco la confianza y la encuentro de nuevo.

Veleros fondeados en la Bahía Linton

Navego el pasillo estrecho entre la isleta Drake y el arrecife Salmedina. La isleta es llamada por el corsario y explorador Francis Drake. Está escrito que el caballero muere acá, y está enterrado por el mar abajo. El día de hoy, aparentemente, no es mi día para morir.

Ahora con el viento de popa necesito trasluchar de vez en cuando zigzagueando por el curso. Una vez intenté irme abajo, dejando Otto, el piloto automático con cargo al timón. Una de las olas siguiendo de popa, ahora a veces superando dos metros, lo sobrecarga. El velero traslucha de repente, inesperadamente. Pah. Seguí navegando de mano, bien atento.

Ahora estoy fondeado en la Bahía linda de Linton. Bajé el ancla por lo mayor a vela, sin contratiempos grandes. No fue nada que no he hecho con los microtonales en el Club Nautilus. Un pedazo de torta.

Hay mucha calma acá. Hay medio cientos otros veleros también fondeados y en las marinas cercanas. Me quedo acá. He tenido suficientes aventuras por el momento. Arreglaré el problema con el gasoil. Estoy a solo un día de navegación, con vientos favorables, de vuelta a la marina Shelter Bay. Allí dejaré Brisa con manos confiables y haré la vuelta a Uruguay por avión, a Montevideo.

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