Abordo Brisa de nuevo tras la visita de seis semanas en Montevideo. Seis semanas no es suficiente en Montevideo. Hoy zarpé del astillero donde Brisa espera durante la visita. Antes de zarpar, hice algunas mejoras. Pulí el casco y el acero inoxidable del timón de viento y las barandillas de la popa. Todo eso más fácil desde un escalera por tierra. Necesitaba lijar y pintar algunos spots donde las bandas de la grúa, con arena sobre ellos, han rascado la pintura del casco cuando me sacan del agua.

Tengo suficiente de yerba, la hierba, epilobio, y tabletas de tamsulosina clorhidrato hasta la próxima visita. Lo espero la próxima. Me siento tan nostálgico por Montevideo que, cuando pienso en eso, las lágrimas vienen a mis ojos. Lamentablemente, me percato de no tener suficiente chocolate amargo. El chocolate amargo me reconforta. No me siento la nostalgia de ninguna manera saliendo de Brisas de vuelta a Montevideo. Con las vueltas me siento alegre.

Hay cosas buenas. La vida a bordo de Brisa no me molesta. La disfruto. La paz de la noche era la primera cosa que noté. Puedo oír el zumbido de mis oídos. Medito. Acá, flotando, anclado al sotavento de el Cayo Tortuga Verde, con su playa arenosa blanca en el sol, el agua cristalina turquesa —sí, relajo. Hay viento de veinte nudos. Con la temperatura de veinte grados, no me anima tanto echarme bajo el sol en la playa o meterme en el agua. No obstante, hay espacio para respirar y liberar el alma.

Estoy preocupado con las preparaciones para el viaje a Bermudas. Miro el pronóstico cada mañana. Por la ruta, todavía vienen tormentas subtropicales desde la costa atlántica de Estados Unidos al noreste, con frentes fríos soplando vientos de veinticinco o treinta nudos. Los vientos orientales de estas latitudes todavía no dominan. Sigo mirando. En abril, los borrascas disminuyen. Estaré listo para zarpar en tres semanas. Mientras tanto, miro atentamente para detectar los patrones, para reconocer cuándo el patrón cambia.

En el Parque Batlle, en 2024, el gobierno municipal instaló un par de esculturas chinas de Wu Weishan. La de la izquierda representa a Confucio. Está visitando a Laozi. En la base de la estatua de Laozi se encuentra este símbolo. Es el símbolo del Tau que lleva Brisa. El Tau es la fuente y la esencia del flujo de las diez mil cosas en movimiento dentro del universo. El símbolo representa a una persona en el camino frente a la puerta de la sabiduría. Todo lo que hay que hacer es abrirla.

En Montevideo. Montevideo era genial. Fui al Teatro de Verano diez veces, al Tablado del Parque una docena de veces, al Cinemateca hasta que me reconocen allí (me hice socio), al Sala Zavala Muniz en Teatro Solís y a la Cinema Alfabeta. Fui la primera vez al estadio Centenario para un clásico. Hice un par de talleres en la Escuela de Cine Uruguaya. Comí tan rico. Siempre gano uno o dos kilos. Visité con amigos. Montevideo es un sueño para mí.

¿Ahora qué? La navegación. Solo faltan compañeros uruguayos. El video tiene algo de la porquería que grabó durante mi visita. Lo de las murgas no es porquería.